La peliaguda cuestión de los impuestos

Comienzo hoy con una tabla elaborada con los datos de Eurostats (año 2010) sobre la recaudación de impuestos expresada como porcentaje del PIB. Lo hago porque últimamente estamos muy atentos a la pelea entre la escuela de estímulo y la del tijeretazo. Sin embargo, todos esos recursos que el estado puede destinar -o dejar de destinar- para influir en la economía están basados en su capacidad de recaudar impuestos.

Los impuestos se idearon para repartir entre todos los miembros de una sociedad el gasto derivado de la prestación de unos servicios comunes normalmente caros a la par que necesarios. La naturaleza del impuesto suele incluir el carácter coercitivo de su recaudación, puesto que se considera injusto que se dé el llamado problema del polizón, es decir, que algunos ciudadanos resulten beneficiados del servicio sin que hayan contribuido a su financiación.

Sin embargo, lo realmente complicado del asunto es fijar el nivel impositivo. Tener un nivel de impuestos bajo o alto no es intrínsecamente ni bueno ni malo. Un nivel bajo de impuestos suele derivarse de la doctrina según la cual el estado debe intervenir poco en la vida ciudadana y financiar sólo servicios que son caros y estratégicos para la pervivencia de la sociedad en cuestión, tales como la construcción de obras públicas y el mantenimiento del ejército. En este caso se asume que los ciudadanos se organizarán para crear el resto de los servicios de manera privada, y que cuando los necesiten los costearán directamente de su bolsillo. Este tipo de organización es uno de los puntales sobre el que descansa el liberalismo económico.

Una vez establecido dicho punto de partida, la sociedad podría creer necesario ir subiendo el nivel impositivo para que el estado ofreciera mayor número de servicios. Normalmente, establecer impuestos cada vez más altos está ligado con pensar que si se deja a actuar al mercado libre, las personas con menor capital no podrán acceder a determinados servicios que se cree que es justo que gocen. Estirando este argumento se puede llegar a su vez a uno de los pilares de la socialdemocracia que implicaría que la merecida igualdad entre personas debe alcanzarse redistribuyendo la riqueza mediante los impuestos. En este tipo de sociedades existe una gran porcentaje de recursos destinados por el estado al gasto social: seguro de desempleo y plan de pensiones públicos, subvenciones por cada hijo, etc. Aquí cabe destacar que cuando se opta por tales niveles de impuestos es imprescindible tener servicios de inspección rigurosos que consigan que los contribuyentes menos comprometidos no eludan sus responsabilidades.

¿Y España dónde se encuentra? Intencionadamente he ordenado los elementos de la tabla de menor a mayor para demostrar que nuestro estado es el que menos impuestos recauda si se consideran los países señeros de Europa. Recaudamos menos que el Reino Unido, en principio tenido por más liberal que España. Pero es que además tampoco recaudamos mucho más que los Estados Unidos con un 32% del PIB (dato de 2008 ofrecido por la OCDE) que parecen sobradamente más liberales que nosotros. Al final de la tabla quedan los países nórdicos que por lo visto consideran que el estado debe repartir ¡más de la mitad de los bienes y servicios que generan cada año! ¿Se imaginan a algunos de nuestros políticos con tamaño botín para «gestionar»?

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4 respuestas a La peliaguda cuestión de los impuestos

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